




Si hay algo en lo que creemos firmemente, y sin ningún tipo de prejuicio, es que la ropa habla. Más allá de mostrar un color o una intención superficial, todos decimos algo cuando nos vestimos. Incluso cuando no lo buscamos: siempre estamos comunicando.
Esta colección se presenta como un gran personaje —o quizás como un conjunto de bailarines y trapecistas— que suben a escena para contar una historia. No son, precisamente, quienes uno imaginaría dando un monólogo. Son cuerpos que habitan el espacio y que, a través de sus vestuarios, captan la atención, alteran el ánimo y transmiten un mensaje.
El circo aparece como un escenario natural para ese encuentro: un territorio donde conviven lo lúdico, lo extraño y lo inesperado. Un universo donde la teatralidad se vuelve lenguaje y el contraste, identidad. Allí comienza a escribirse FW26, inspirada en ese equilibrio delicado entre humor y misterio, luz y sombra, donde la exageración se transforma en expresión.
Como en ciertos relatos cinematográficos donde el circo adopta una estética oscura y fascinante, la colección dialoga con personajes que desafían la norma. Figuras que, como el icónico Guasón del universo de Tim Burton, combinan audacia, elegancia y una ironía marcada, demostrando que el humor puede ser tan sofisticado como provocador.
FW26 propone una búsqueda constante por la combinación de texturas y mezclas de color poco habituales, con el objetivo de construir nuevas siluetas y looks con identidad propia. Cada prenda está pensada como una pieza con carácter, diseñada para quien entiende el vestir como una forma de presencia y actitud.
La colección mantiene la personalidad de siempre, pero suma un humor más definido y arriesgado, claramente más maduro. Un punto de equilibrio preciso, donde la intención creativa se encuentra con la claridad del diseño y la fuerza del conjunto.
Magos, trapecistas y personajes improbables funcionan como metáfora. Están ahí para invitarnos a un momento de distracción, ilusión y optimismo. Un gesto de lucidez que nos recuerda que la alegría también puede ser una elección, y que vestirse es, en definitiva, una forma de afirmarla todos los días.




